Antonio Lafuente: la in-disciplinaridad

Antonio Lafuente, coordinador del proyecto La Aventura de Aprender, una colaboración entre el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, TVE y Medialab-Prado, presentó el concepto de in-disciplinaridad al plenario del Taller Abierto Co-Lab “desde la perspectiva de los feminismos”.

Del mismo modo, citando a Isabelle Stengeres, puso sobre la mesa a idea de que “la ciencia moderna vilipendia a los que están fuera de ella” para reclamar el papel del amateur. “La diferencia puede ser vista como emprendeduría porque reclama inteligencia y cooperación entre agentes para poder sostenerse. Las activistas, las amadoras… son nuevas productoras de conocimiento: documentan, contrastan, organizan y publican”.

El investigador propuso construir un contexto de diversidad que también se convierta en un contexto de emprendeduría, debido a que “los amateurs son actores que trabajan por amor, se involucran no sólo en el qué pasa, sino en qué nos pasa” y a que “para hacerse visibles en el espacio público, categorizan, deciden, priorizan, documentan, contrastan y publican, al igual que lo hace el ámbito académico”. Además, estos amateurs logran contar con la hospitalidad como principal método de trabajo, como tecnología, como herramienta a utilizar, porque “un sólo se siente parte de algo si se ve capaz de producir”. “La hospitalidad es un signo de organizaciones que utilizan como referencia formas adaptativas, resilientes y con capacidad de talento”, apuntó Lafuente.

 

“Las espectativas están construidas para ser defraudadas”

Como pretexto para instar a la sociedad a hacer las cosas desde ya y sin esperar más tiempo, Antonio Lafuente jugó con el concepto de “esperanza”, utilizándolo como un método de trabajo, descartándolo y exponiéndolo como “una manera de trasladar al mañana lo que podemos hacer hoy. Las espectativas están construidas para ser defraudadas y sólo llegaremos al mundo en el que queremos vivir si lo habitamos desde hoy”.

Para finalizar, también quiso poner sobre la mesa el desafío de que las instituciones admitan que los movimientos sociales, agentes de innovación, son sensores de alerta temprana de los problemas que están por venir. Del mismo modo, habló de la necesidad “de una nueva cultura política que sea capaz de relacionarse con los movimientos sociales, de pasar de la protesta a la propuesta, de lo experimental a lo experiencial y de la reclamación de derechos a la producción de infraestructuras”.